Vender Vida es fácil. Asesorarlo bien implica entender la situación fiscal del cliente y elegir la ley correcta para deducir. Eso es lo que separa al agente del consultor.
Un seguro de Vida mal estructurado puede dejar al beneficiario con un golpe fiscal o dejar al cliente sin la deducción que le tocaba. Y todo se decide al momento de proponerlo, no años después.
No saber qué ley aplica al perfil fiscal del cliente te hace perder el cierre técnico.
Vender sin considerar el régimen fiscal del asegurado deja deducciones sobre la mesa.
Beneficiarios mal designados generan problemas legales al momento del fallecimiento.
Sin guía clara, le respondes lo que crees y no lo que la ley realmente dice.
Cualquiera vende un seguro. Pocos saben explicar qué ley utilizar para deducir según la situación fiscal del cliente. Esa es la diferencia.
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